Endless sadness.

No quise irme, quise callar la tristeza porque sino ella me iba a llevar.
"Perdón mami, perdón, te juro por dios que vos no tenes la culpa de nada de esto, perdón, no quiero hacerte más mal, no te mereces esto, vos siempre estuviste para mi, el problema siempre fui yo." 
Me estaba ahogando, ya no podía sola. Ya no podía sola, con la impotencia que eso conlleva. Ya no era yo, las pastillas eran cada vez más tentadoras y ese estado de levitación (así me gustaba llamarlo, es como si tu mente levitara, te sentís liviana, te pesan los ojos y la cabeza pero tu mente no conecta, esta callada.) no fue difícil encontrar las pastillas, no se me movió un pelo al robarlas, menos al tomarlas. Leí el prospecto de una y de la otra, una decía  'hasta tres veces por día', la otra no me importó, tome dos de las mías y una robada. Empecé a sentirme mas liviana, la tormenta se apaciguaba, en cuestión de minutos mis párpados pesaban toneladas. Sólo quería dormir y
mi cabeza estaba en crisis, como nunca, necesitaba callarla. Y funcionó. Lamentablemente funcionó a la perfección. 
Lo hice los días siguientes, nada me importaba, sólo quería ese estado de paz, me acostaba a mirar el techo y pasaban horas sin que me diera cuenta, a veces lloraba, a veces nada, mi mente estaba en silencio y si hablaba la volvía a callar con otra más.
Deje de comer, sin darme cuenta, las horas pasaban y mi organismo ya no me
pedía más nada, era un ente, pero así estaba bien. 
Una semana y tres kilos después llegó mamá. Qué hace acá? No le llevó más que minutos comprender mínimamente la situación. Volvimos a casa. En el fondo sabía que si me quedaba podía no haber vuelta atrás, tal vez por eso no emití comentario alguno y arme mi valija.
No había mas libertad pero sin embargo seguí tomando a escondidas las dosis mínimas para no levantar sospechas.. hasta que se acabaron. No había mas pastillas. No había mas calma. Se avecinaba la tormenta de nuevo. Llegaba el momento del impacto de esta caída libre.

La primer noche lloré. Como hacía mucho no lloraba. Desconsolada. Simplemente no podía detenerme, era como una herida que sangraba sin parar. Todo dolía, todo pesaba, el vacío me estaba consumiendo como un agujero negro en mi cuerpo, arrasando con todo. Lloré horas hasta quedarme dormida. El segundo día fue igual o peor.
El tercer día el nudo en la garganta no me dejaba respirar, hablar, expresar, estaba teniendo un ataque, una vez más. Esta vez fue diferente, entre todo el vacío sentía miedo, porque ya no controlaba los pensamientos en mi cabeza, las voces y los impulsos eran muy fuertes. Moría por lastimarme de nuevo.. cuando todavía tenía el brazo medio desfigurado del último ataque. Entre en pánico, llanto eterno, nada nuevo.. pero el miedo..?? que hace acá? Tengo miedo de mí. Sentí algo inexplicable, sentí que ese era el momento, que ese daño iba a doler menos que el abandono, sentí que era ahora o nunca, porque mi cabeza estaba en su peor momento y no iba a durar mucho más así. No pude evitarlo. 
"Mamá, tengo miedo."
Ahí estaba mamá, qué hacía mamá ahí? 
Necesitaba ese abrazo, perdón mami, me secó las lágrimas mil veces, perdón mamá te amo, perdón. No podría contar cuantas veces dije esa palabra, ni cuántas veces me abrazó. 
"Aca estoy hijita, a veces para salir hay que tocar fondo, vamos a salir de esto, vas a estar bien." 

"Vas a estar bien." hizo eco en mi cabeza toda la noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario